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  1. La importancia del uso del lenguaje afectivo en los niños/as



    Por qué debemos usar el lenguaje afectivo con los niños

    Las palabras tienen un gran poder sobre los niños, son capaces de lograr un efecto inmediato e incluso de perdurar en el tiempo y quedarse instaladas en la mente y en el corazón. Con las palabras podemos herir, causar felicidad, subir la autoestima o hacer sufrir; podemos crear o destruir. Todos tenemos algunas de esas palabras guardadas dentro, palabras que nos ayudaron a levantarnos y otras que nos siguen doliendo. Es por ello que debemos cuidar y seleccionar cada una de las que usamos con nuestros hijos, evitar el lenguaje destructivo y usar el lenguaje afectivo con los niños. Las palabras impactan sobre el cerebro de los niños y tienen consecuencias directas en su forma de ser. Por ejemplo: si siempre les hablamos en negativo, tenderán a pensar que ellos no pueden; si les hablamos desde el optimismo y la alegría, nuestros hijos estarán más alegres y contentos; si les hablamos a gritos, con palabras hirientes y acusadoras, su conducta tenderá a ser más agresiva.

    Cómo usar el lenguaje afectivo con los hijos

    El uso del lenguaje afectivo con los niños no sólo se refiere a usar palabras como "cielo", "cariño" o "amor mío", se trata de enfocar nuestro discurso a una forma de conectar con las emociones y el cerebro de los niños de forma positiva, ¿cómo?

    - Cambiar el lenguaje: es importante evitar las constantes críticas a los niños "eres un cochino, mira cómo te has puesto" y nunca utilizar palabrotas ni insultos a la hora de hablar con ellos ¿tu eres tonto o qué?;

    - Evitar el mensaje negativo: si analizamos nuestro discurso, nos encontraremos que al final del día la palabra que hemos repetido hasta la saciedad es "NO". A la hora de educar a nuestros hijos nos vemos en la necesidad de decir NO muchas veces, pero en ocasiones nos excedemos y todo mensaje que transmitimos es negativo. También podemos enseñarle que algo no se puede hacer de forma positiva, por ejemplo, "si recoges tus juguetes, podremos cocinar esas galletas que tanto te gustan".

    - No abusar de órdenes y advertencias: "ven aquí", "recoge esto", "a la ducha", "haz los deberes", "vístete ya o te vas a enterar"... El día a día de un niño puede estar lleno de órdenes y advertencias que pueden causar su bloqueo además de estrés y ansiedad. Demasiada presión para un solo día.

    - Evitar etiquetar al niño: no hemos de catalogarle "eres un vago", "eres un torpe", aunque no lo sea, el niño terminará creyendo que lo es.

    - No caer en el halago constante: utilizar un lenguaje positivo y afectivo con los niños no pasa por decirles constantemente lo buenos y maravillosos que son, incluso aunque no lo sean. Pasa por ser firmes y directos cuando hay que serlo pero siempre desde el cariño.

    - Recordarles cuánto nos importan: no debemos subestimar el poder de una frase bonita, hemos de decirles lo importantes que son para nosotros y cuánto les queremos. El lenguaje afectivo con los niños pasa por darle una vuelta a todos esos errores que cometemos en la comunicación diaria con nuestros hijos, tener mucho cuidado de lo que decimos y cómo lo decimos porque cada una de las palabras que les transmitimos impactan en su cerebro. Un lenguaje positivo logrará:

    - Reforzar la autoestima del niño.

    - Que el niño tenga una actitud más positiva para afrontar los retos que le plantea la vida.

    - Influir en su actitud y en cómo se comporta hacia las demás personas.

    - Fomentar una buena relación con nuestros hijos, positiva y feliz, alejada del rechazo que producen las malas palabras.